miércoles, 19 de septiembre de 2012

"Piedras de papel"


A menudo paseamos y caminamos sin rumbo ni timón

Nos damos media vuelta para encontrar aquello que te ignora, aquello que no supiste reconocer y ves que no es ignorancia, que la media vuelta era una vuelta entera postrada a tus pies.

Tenemos la mala costumbre de esperar acostados que el camino se ilumine, apagando cada estela que la luna nos deja ver.

Presumimos de ser valientes con un escudo de dolor inexistente que se diluye al terminar una lágrima, y volvemos a ser nuevamente guerreros de una ilusión.

A menudo, los cóncavos de una pena, los llenamos de gotitas de resentimiento, y no está más llena por estar más alegre, está más vacía por no tener lleno de alegría el corazón.

Hay piedras, lejanos vientos y vendavales que atormentan el sosiego de no ser quien otros quisieron que fueras. No importa, no.

Si de algo tienes que estar orgulloso no es de tu rol en esta vida, es de saber que sin tus zapatillas, no hay zapatos que te eleven más alto... ni siquiera de tacón.

Las piedras son el marco perfecto si su dureza las haces papel.


María.

lunes, 17 de septiembre de 2012

"La vida tarda siglos, horas y minutos en demostrarnos su amor. Nosotros tardamos toda una vida para entender que un solo segundo vale para volverse a enamorar". María



"No podemos evitar un dolor, ni clasificarlo ni mucho menos ser hipócritas diciendo que lo entendemos. Cuando en verdad quieras aliviarlo, llénate las manos de humildad y dale algo más que palabras a quien ya no las puede ni escuchar". María



"Cuando la leas, estaré lejos"


Mis manos tiemblan, y no es que no quiera escribir, ni siquiera sé si la leerás.

Anoche no viniste al salón a cenar, pregunté por ti y me dijeron que no volverás.

No quiero pensar que te vayas sin despedirte de esta torpe viejita que te llenaba el vaso de agua y te hacia sonreír si lo derramaba en tu mesa.

Hoy tu ausencia era mayor que tu presencia, miré por los pasillos donde nos encontrábamos para ser niños de nuevo... y no estabas para hacerme grande y niña llena de vida.

Como pude, me salté el postre y fui a tu habitación, te vi tan noble y tan guapo que no quise entrar para no despertar tu sueño. ¡Estabas como cuando me decías que nada te podía cambiar!, ¡qué sonrisa!

Te dejé en la puerta esta carta, mi tiempo tampoco es eterno, pero espero que la leas cuando despiertes porque si hay vida detrás de la muerte, la muerte puede esperar.

Hoy tu habitación estaba sin ti, pero no vacía, tu vacío es difícil de llenar. Hoy esta carta te la llevaste contigo, si el cielo es grande o pequeño, cuando la leas estaré lejos pero mis lágrimas nunca te dejaran de recordar.


María

Esta carta se la escribí a una mujer maravillosa que se enamoró en una residencia geriátrica, se llamaba Pilar y su amado José. Murió dos semanas más tarde en su habitación sin nada más que el recuerdo.

‎"La vida se levanta aunque tú no lo hagas, se levanta y a veces se inclina hacia el límite del amanecer y el ocaso de tus esperanzas". María