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domingo, 28 de agosto de 2011

" El muro de los cobardes y la lápida infantil". Reflexión sobre el maltrato infantil

Demasiado frecuentemente, llegan a urgencias bebes, niños y adolescentes maltratados.

Siguen “la norma”, en la primera valoración miran con miedo a su agresor.
Callándose.

Hay tres “normas”:

Un bebé que no sabe hablar, inteligentemente, no deja de llorar en los brazos de la madre.

Un niño, no sabe pronunciar palabras, sólo lágrimas calladas en su miedo.

Un adolescente, no llora, su mirada lo dice todo.

El estrés diario y la culpabilidad de los adultos se ceban en ellos.

Quiero decirte algo:

Ellos no son el puente que una a una pareja ya rota, es el peldaño para
componer tu verdadero camino hacia la vida.

La única que tú elegiste.

Si querías un ser con sentimientos, uno al cuál no escuchar, podrías haber comprado otro espejo.

Nunca llegues a pensar que cuando lo maltratas, le estás enseñando valores

Los valores perfectos son aquellos que aprenden a demostrarte que el camino hacia tu madurez, empieza por tus actos.

No demuestres nunca a golpes, lo que tus palabras no saben decir.

En un mal gesto, puede irse una vida…pero una vida también puede perderse en un gesto.

No sigas adelante cuando el paso no sea para aprender.

En los pocos casos que se denuncia un maltrato infantil, es demasiado tarde para salvar una vida. Un porcentaje alto de ingresos por traumatismos derivan siempre a un “accidente casero”...El muro de los cobardes y la lápida infantil.


No creas que el árbol que hoy corriges a golpes, dé frutos..Menos, raíces.


María.

martes, 19 de julio de 2011

“El abrazo de una lagrima”



Yo tenía zapatos y un par de ilusiones.

Dos destinos, el primero mordió mi mano

El segundo lo dejé a tu merced

Luchando en vano.

Yo tenía dos ojos y una sonrisa infinita

Los dejaste ciegos sin remisión

Me obligué a reír mis lágrimas

El único camino de mi perdición.

Tú tenías dos manos descalzas

A veces acariciaban mi cuerpo, una recomposición

Otras me enseñaban las espinas de tus flores

Muertas en cada uno de tu perdón.

Me compré cuatro huellas, el lastre de una palabra

Y unas muletas libres de dolor

Si alguna vez encuentras mis zapatos, calzatelos

Mi sonrisa, será tu amor.

María.   (En honor a las victimas del  maltrato).