Yo tenía zapatos y un par de ilusiones.
Dos destinos, el primero mordió mi mano
El segundo lo dejé a tu merced
Luchando en vano.
Yo tenía dos ojos y una sonrisa infinita
Los dejaste ciegos sin remisión
Me obligué a reír mis lágrimas
El único camino de mi perdición.
Tú tenías dos manos descalzas
A veces acariciaban mi cuerpo, una recomposición
Otras me enseñaban las espinas de tus flores
Muertas en cada uno de tu perdón.
Me compré cuatro huellas, el lastre de una palabra
Y unas muletas libres de dolor
Si alguna vez encuentras mis zapatos, calzatelos
Mi sonrisa, será tu amor.
María. (En honor a las victimas del maltrato).

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