Muchas veces, apostando, perdemos.
Otras perdemos sin apostar, seguimos perdiendo...
Ganamos mil batallas de elocuente tristeza
Soñamos que nada está ocurriendo.
Un día te miras frente a tu verdad
Lloras, cuando nadie puede ver tu pañuelo
Ignorando que el espejo no suele ser real
Hay lágrimas que empañan hasta el cielo.
En un momento de tu vida, olvidaste el tiempo
Limpia esa luna, adórnala con estrellas
Si un día pudiste ganar una ilusión
Que ningún reflejo te mate ante ella.
La sinceridad del tiempo, amigo, no se equivoca
Levanta tus alas y rompe cristales
Quizá no puedas recomponerlos nunca más
Pero son los únicos verdaderamente reales.
María.

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