Estoy harta de ver que la vida la movemos a golpe de circunstancia y que sólo unos cuantos nos damos cuenta de ello.
He visto morir a niños por falta de pruebas, que eran demasiado costosas para la economía sanitaria y por miedo a ser despedida ignoras... y piensas... ¿Vale la pena luchar?
Vale la pena, cuando ves en los pasillos de un hospital a padres que sufren y entonces, te vuelves a preguntar: ¿Qué podría pasar? ¿Despido?... qué mas da si no eres ya ni responsable de lo que debes diagnosticar...
En años he visto con pena, lasciva incoherencia entre lo que debes y lo que puedes realizar, un hormigueo de lágrimas en un mundo donde la medicina se debería de valorar.
He practicado el valor del ser humano, de ese que nos reímos a veces sin razón y sabéis, me hace ser grande ante tanta simplicidad donde somos fuertes si nunca nos llega el dolor.
A todos nos pasa factura la vida, a veces sin razón, y el dolor ajeno nunca lo respetamos a menos que un día nos llegue a traición; entonces empezamos a mover el mundo, pero solo el que gira a nuestro alrededor.
He visto morir a un niño, a gente sin nombre, a nombres sin persona.
Todos predicamos y pocos conocemos el camino de la palabra de Dios.
María

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